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Mostrando entradas de julio, 2018

Primera infancia: malas palabras, amor, sol, mis zapatos y el kinder

Publiqué esto en 2010, pero quiero rescatarlo y re elaborarlo y re compartirlo. Se dice que la primera infancia va desde la concepción hasta las 7 u 8 años más o menos y lo que allí vivamos, nos marca en la vida. Tenía cuatro años cuando conocí el amor -- quizá "fantasía" pero amor al fin y al cabo-- , la vergüenza, mi rechazo a las fotos en el sol y entendí porqué no decir malas palabras y sobre todo, porque las personas  adultas son tan complicadas. Sólo recuerdo que me llevaron a mi primer día de kinder (jardín de niños y niñas) y yo no tenía ni idea de qué era eso ni para que me llevaban a mí si era salvaje mente feliz en casa. En la puerta del lugar me di cuenta que me separaría de mi mamá y me dejaría en manos de una mujer que se asemejaba a un "espanto" (y que en paz descanse). Así que decidí no entrar, me agarré de unos barrotes de la puerta y ésa señora me jalaba las piernas, yo gritaba ¡auxilio! Mamá...mamá, maaaaaaaaaaaaaamaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!

Los hombres también bailan

Foto Tarik de Brasil (foto que me robe de la web) Este es un buen tema para mí. Toca mezclar la coherencia en el arte, en el respeto a los derechos humanos y la vocación pedagógica como los filtros para generar una opinión. Como directora y productora de espectáculos me he topado con opiniones a favor y otras, contrarias a ver hombres bailar danza oriental. En mi caso, preciso de algunas premisas para proponer alguna conclusión. Premisa 1. La danza es inherente a la naturaleza humana, sin distinción de sexos . De ahí que, desde siempre, mujeres y hombres la hemos disfrutado y como arte la hemos cultivado. Sucede que algunas representaciones sociales y prejuicios nos inducen a creer que “moverse” es un asunto femenino y si un hombre lo hace también lo es. Pero ¿haber? ¿Qué carajo tiene que ver la orientación sexual con la danza? ¿Acaso uno va a ver danza para ligar? Pues no, uno la ve, para disfrutar de la representación artística (visto desde el público) o para realizar

Bellydance: entre lo puro y la creatividad

La Danza es considerada patrimonio “inmaterial” cultural de la humanidad, por la UNESCO, así las danzas originarias y folclóricas se van rescatando. En las danzas árabes (nótese el plural, pues en el mundo árabe actual hay al menos 22 países y nada es parejo) también existe una gran variedad de danzas folclóricas (muy distintas de las expresiones populares), que fueron estudiadas y adaptadas (nótese lo de adaptadas) para el “gran escenario” por Mahmoud Reda, con el apoyo del presidente panarabista Nasser. No obstante, como toda expresión humana es evolutiva. El bellydance, tal como lo ejecutamos hoy no es una danza folclórica, es una adaptación de ellas llevadas al espectáculo. Su desarrollo (en la contemporaneidad) se dio en Egipto, al final de la etapa colonial y pos colonial, pues esa danza era el atractivo para los foráneos europeos de esos países. Por esta razón, sufrió muchas influencias y transformaciones, mismas que no han parado hasta estos días. Aunque hay muchas caract

Señoras: el Autocuido físico. (si danza, va por buen camino!)

Me encontré este artículo, buenísimo porque  en el que se dan algunos tips para envejecer mejor. Antes de seguir, he de decir, que sí soy –hace ratos—una doña y no me pesa; por eso leo como seguir siendo una doña lúcida. Jejejeje Continuando con el artículo, con mis alumnas he compartido algunas lecturas sobre anatomía de la danza y allí nos dimos cuenta de la función taaaann importante de los músculos. De hecho hace años un profesor de danza contemporánea decía el “movimiento, antes de ser, es una intención que el sistema nervioso le conduce desde el cerebro al músculo, porque son estos los que mueven al esqueleto, sin ellos y su fuerza correcta, no hay movimiento” y luego nos mataba con la clase de dos horas y media. Pero es así!   De hecho uno no necesita – como bailarina—envejecer para perder habilidades, basta con dejar de entrenarse para que te vuelvas un torpe en la ejecución (hablo del nivel profesional). De la misma manera que bailarinas de 60 años ejecuta

¿Qué? ¿Madres e hijas en un salón de danza?

Si!  Cuando mi hija entró a clases de danza árabe, yo era ejecutante fiel de la danza contemporánea. Pero un día irrumpí en el salón y chaaaaan me inscribí. En ese tiempo mi chiquita tenía ocho años recién cumplidos y su reacción fue de pura indignación: había invadido terreno…. Se paraba delante de mí, volvía su cara para decirme: "no coordinas bien, muy fuera de música" y que recordara que ella fue la primera en llegar allí. Lo matado de la risa es que después de mi se inscribieron sus dos primas, las amigas de sus primas, mis amigas de la U, del trabajo, otras colegas de danza y hasta José, mi eterno partner en danza contemporánea: nos odió a todos! Y nos tenía a raya. Para colmo, en poco tiempo, llegue a ser maestra sustituta en esa clase y co directora de la compañía de su maestra. (jujuju) Puedo jurar, sin pecar, que intenté muchas veces hacer duetos, bailes grupales etc. Con ella pero escapamos a irnos a golpes bailando: me discutía todo. Todoooo. Me amargaba l

Crónica Maldita

(6/7/18)  No iba a dejar pasar esta fecha, esta crónica que me sacó muchas lágrimas. Aunque fue una mala pasada, dentro de todas las posibilidades creo que no me fue tan mal. Un 6 de julio del 2009 supe que significaba “que si algo va mal, puede ir peor”. Al día siguiente me senté a escupir la historia en mi otro Blog y ahora re posteo por aquí. Creo que nunca dejaré de reírme con mi hija por todo lo que pasó este día: (7/7/09) Estoy en casa, inmóvil y muy encabronada (perdón por el francés). Tengo que hacer mi trabajo desde acá a causa de mi....¿suerte? no sé, ¿ ¡joder!. ¿qué más da?  Mucha gente bromea sobre mí o “mis pasadas”, “mi mala suerte” o simplemente por mis metidas de pata que suelen ser muy peculiares. Yo lo hago (bromear) porque de otra forma me deprimiría con tanta pasada. Ciertamente, aunque uno viva cosas feas siempre hay una sensación de … “pudo ser peor”. Justo lo que ahora me devuelve el buen humor, aun con ojos hinchados de llorar.  El sábado pasado, por l

El proceso de (re) conocerse en un espejo

Hasta hace 11 años más o menos—para mi— la indumentaria para bailar eran los leotardos, pues es con lo que se hace danza contemporánea o ballet. Cuando decidí tomar clases de bellydance para a convivir con mi hija, fue un choque cambiarlos por tops o camisas cortas que dejaran al descubierto el abdomen. De hecho, los primeros 6 meses usé leotardos, pues no había forma de que YO me los quitara, así como los calentadores en mis tobillos. Era un lunar en esa clase. No sé cuándo ni cómo fue, pero un día ya no usé más mis leotardos y enterizos. Aprendí a ver mi cuerpo desde otra perspectiva y gracias a los movimientos de cadera y las ondulaciones recapacité que no tendría otro chiste que mostrar el abdomen, aun cuando por detalle, había estrías producto de la concepción y nacimiento del amor de mi vida.  Entonces, pensé: me pela, no hay como bailar con el vientre al descubierto, me encantaba verme en el espejo (más que un acto narcisista creo que fue un momento de auto aceptación) y m