martes, 10 de diciembre de 2013

De caracoles y tropiezos

Hoy me dio nostalgia por este refugio. Ya llevaba dos años y dos meses de no venir por acá y un tanto más de haber dejado de desahogarme en él. Mis historias has seguido y lamento no haberlas venido a registrar acá pues las que acá quedaron escritas se van borrando de la memoria y solo un diario de apuntes virtuales me las ha rescatado. Hoy es mi cumpleaños, es decir, momento preciso de tener ganas de escribirme. YA mi hija no es una chiquita, tiene 15 y en menos de un mes cumple 16, ya se ha "enamorado", seguimos haciendo juntas una de las cosas que mas amamos, bailar. Lo mejor es que ahora en un proyecto propio. La adolescencia ha pasado sin mayor problema, pero si con mas amor mutuo. Sigo conociendo gente nueva, buena y de la que se aprende mucho. ¡Gracias a la vida por esa bendición! También el amor, pasa y me despeina a ratos. Pero no se queda. Fui al Teatro Poma hace unos días, se presentaba Sergio el Titiritero. Uno de los Títeres, Juan, que se dedicó a ser salvavidas dijo algo tan cierto: "De libertad, solo sabe el mar" y es que no hay mayor ejemplo de que es en esta vida infinitamente libre, por eso siempre tiene nuestro respeto infinito. La vida es muy corta, para joderse tanto, para privarse de sueños, para dejar que el murmullo ajeno nos joda. Por eso no me quejo de mis historias insólitas. Por ejemplo, ese día que fui al teatro vi un Director de esa rama y le susurré a mi amiga ¿has visto fotos de ese hombre joven? ¡era re guapo! le decía eso mientras disfrutaba mi malteada --con la que decidí romper dieta--, no se cuantos segundos pasaron cuando pisé mal la grada y estaba en el interin de una gran caída. Tiré la malteada (solo vi una capa blanca volar por el aire) y una soda que llevaba en la otra mano y me alcance a agarrar del pasamanos de las gradas. Por fortuna no se la tiré a mi amiga. Pero el pobre director de Teatro, de quien yo hablaba se llevó un gran susto, pues el fue quien gritó "uyyyyyyyyyyyyyy" ¿está bien? ¿se golpeo? con una cara desencajada. Me hizo gracia que el pobre que era objeto de mi halago, terminó siendo víctima del susto. y encima me quedé con las ganas de la malteada. Mis metidas de patas, caídas y despistes son como las caracolas en el mar. Las voy recogiendo mejor. De paso me mejor me río

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