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La danza que bailo

Cuando la danza hace parte importante de tu vida, vos decidís ponerla por encima de otras cosas. Quizá en mi caso, está arriba de la vida social convencional (porque el ambiente dancístico se vuelve tu vida social). Siendo madre soltera y afortunada, tengo la ventaja de vivir entre dos polos: mis horas en la danza y mis horas con mi hija y nadie más. Mayor bendición resulta que mi hija sea mi compañera de danza, a veces mi mejor crítica.

A mi me gusta la danza en general, la disfruto toda como espectadora y en diferentes etapas de mi vida gocé ejecutando el ballet y la danza contemporánea. Ambas resultaron experiencias que marcan para toda la vida.

Pero desde hace dos años y medio, se me metió entre cejas bailar la danza árabe o danza del vientre. Me pegué a ella como abeja con la miel, para disfrutar cada movimiento. La música me cautiva y el lenguaje corporal redobla la producción de endorfinas. La persona que me enseñó, Zamira, además me ha dado la oportunidad de bailar para su grupo, me ha nombrado codirectora de su compañía y mis compañeras me han permitido hacer algunas coreografías grupales.

A pesar que este año me ha ido de palos por mi salud, si algo me mantiene el ánimo es la certeza de bailar --hasta con muletas--. Los domingos es el día que mas trabajo sola, estudio la música, videos. En cambio los sábados son pesados entre las clases y ensayos grupales, a veces, finaliza con presentaciones....que este año han sido muchísimas.

En este país la recepción de esta danza va en dos vías, una positiva y otra negativa. La positiva es que la gente busca la práctica de esta danza como una oferta más para su salud y cuido de apariencia física. Yo agrego, la mejora de la autoestima. Pues hay un montón que redescubren la belleza de su cuerpo practicando esta danza y prestando menos atención a prejuicios estúpidos.

Pero el lado negativo, es la falsa concepción del bellydance como un baile de seducción, lo que suscita una percepción maliciosa de una o expectativas que sólo están en la mente del o la idiótica que observa. La verdad, "el perreo" se practica en estos países sin que nadie se espante a pesar del contenido sexual explicito que conlleva.

Por eso me gusta cuando los shows de los que participo terminan como un fiestón, pues una se va con una sensación de mucho respeto y agrado.

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