domingo, 2 de septiembre de 2007

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*Agradezco a quienes me han invitado a jugar. No he correspondido y no es por falta de ganas, es por falta tiempo y por la presencia del cansancio. Ya lo haré.

Escuchaba la canción de Joaquín Sabina "Por el bulevar de los sueños rotos" gracias a alguien me mando ese link. Ese espacio que la canción cita me resulta atractivo, no porque mis sueños estén rotos, para mí los sueños no se rompen, se consiguen o casi se consiguen y otro los conseguirá por uno....es que de lo contrario ni gastaría energías.

Esta semana, he tendido muchas cosas por hacer, pero recibí una mala noticia. Me he sentido al borde de romperme a llorar cada vez que se vienen imágenes a la cabeza y me siento una persona fracasada.

Quizá ese bulevar es la vida, en la que unos van y otros vienen. Unos mendigan en semáforos y otros, arrogantes, ni los miran. Ocurren accidentes --buenos y malos-- y hasta se producen desfiles alegres. No lo sé, sólo se me planta la imagen en mi cerebro. Pero uno no debería conducir ni indiferente y sin dar avententón o atropellándo a otros.

Hace cuatro años (más o menos) perdí a uno de mis mejores amigos y compadre en un accidente de tránsito en la carretera de Sonsonate (era Fiscal y trabajaba en ese departamento). Ocurrió un 23 de diciembre y me costó superar el hecho. Fue difícil porque no lloré lo que yo necesitaba, pues tenía que cuidar a sus hijas y acompañar a su esposa, quien ha sido una de mis mejores amigas.

Me pasé los primeros dos años cerca de la familia, pero inevitablemente me alejé por tiempo: danza, trabajo, hija y otros.. y me alejé porque también a su alrededor sólo había gente materialista y superficial, con la que no tenía nada por decir aunque lo intenté infinidad de veces. En una ocasión me insinuaron que se ve mal "en sociedad" una madre soltera...y pues no, eso no era para mí, yo soy -en ese sentido- demasiado feliz y llegué a sentir pena ajena por ellas, sensación que no me gusta experimentar.

Este año pocas veces vi a mi amiga y la percibí con una felicidad delirante, andaba con sus dos hijas y decía que había comprendido muchas cosas de la vida, incluida la muerte de su esposo (muerte que nunca aceptó). Decía que hoy más que nunca me entendía a mí, de porque huía del mundo, de mi seguridad para hacer lo que se venga en gana. No lo creí, porque ella es de las personas que la soledad es capaz de destruir y en efecto no soportó el proceso. Pero no sé que es lo que ha pasado. Ella está mal y no puedo acceder a ella, ni hablarle, ni cuidarla, ni pedirle perdón por mi indiferencia. Por ahora, no la podré ver, no se qué pasó, no sé quien cuida de sus hijas, no se quien pagará sus cuentas.

Que difícil sacar esto, pero lo tenía que hacer.

La muerte es difícil, pero la vida lo es más cuando se sobrevive a un amor o a un proyecto de vida.