Ir al contenido principal

La ratoncita

Este fin de semana fue pesado para este pequeño roedor. El viernes bailamos, el sábado tuvo competencia de gimnasia en el Tembag (y me borró las fotos de la cámara!) y también bailó para los padres de familia (contra mi voluntad). El domingo tuvo su primer prueba escénica de la Escuela Nacional de Danza. Nótese que las orejas quedaron bonitas, originalmente las de ella son de burro.
Con todo el pesar y cansancio el domingo nos levantamos temprano, la tenía que maquillar y si algo hay que hacer bien es el peinado o maquillaje, según ella. Asi que la mamá, es maquillista también, además de chofer.
En la expresión de esta foto wow! que natural le quedó.

Y vaya, me senté a verla en el teatro, en medio de tantos papás y mamás que no se saben comportar en un teatro. Esta vez no pelié con nadie, ya no me amargo por una silla, o la falta de silencio, porque se rían o coman, porque critiquen idióticamente un evento. Ojalá que la experiencia con nuestros hijos en escena, nos moldeara un poco los habitos de comportamiento en una sala de teatro, por respeto a los chiquilines bailarines, ellos trabajan mucho por pararse allí, valientes, y mostrarnos de lo que son capaces.
A Ixbá la estan cargando, es la ratoncita en lo alto y es reconocible por lo frentuda. Un gusto verla.

Siempre mi pequeño roedor del corazón...

tu maquillista y chofer,

Comentarios

Aldebarán ha dicho que…
Me parece una lista muy corta la de maquillista y chofer, pero para efectos de ser breve la acepto.

Me gusta el diseño de las orejas.

saludos
Ixquic* ha dicho que…
Alde, puede ser que la lista sea corta, pero era la aplica a mi post breve (ya ves que hablo mucho)

un saludo,
Anónimo ha dicho que…
Quedemos en que esta es una lista abreviada dentro de un relato abreviado y que la otra la publicarás algún día en tus obras completas, ampliadas y anotadas.

Entradas populares de este blog

¿Dejar de bailar?

¿Has pensado –por algún arranque, por saturación de actividades o falta de tiempo, por hastío o demotivación personal —dejar de bailar? ¡No lo hagas!, al cabo de un tiempo la extrañarás y te arrepentirás. Mi madre me llevó a un salón de danza a los 4 años y la asumí sin cuestionar, pero tomé la decisión de dejarla a los 13 o 14 años; aunque fue más un acto de convencimiento pleno y rebelde, lo lamenté muchísimo y me devolví. Desde ese acto consiente de amor por el movimiento no me han importado las circunstancias, es una actividad tan vital como respirar. He conocido a personas que se inscriben a las clases y manifiestan que la danza las llena o la ven como una gran pasión, publican todos los pensamientos virales sobre la danza en sus muros… y de pronto se retiran, especialmente, cuando no ven en ella una forma de dedicar su vida (vivir de y no vivir para). Esta es una decisión personal y respetable pues cada quien sabe lo mejor para sí. Pero también se, que cuando una ama la danza, nun…

Bellydance: entre lo puro y la creatividad

La Danza es considerada patrimonio “inmaterial” cultural de la humanidad, por la UNESCO, así las danzas originarias y folclóricas se van rescatando. En las danzas árabes (nótese el plural, pues en el mundo árabe actual hay al menos 22 países y nada es parejo) también existe una gran variedad de danzas folclóricas (muy distintas de las expresiones populares), que fueron estudiadas y adaptadas (nótese lo de adaptadas) para el “gran escenario” por Mahmoud Reda, con el apoyo del presidente panarabista Nasser. No obstante, como toda expresión humana es evolutiva. El bellydance, tal como lo ejecutamos hoy no es una danza folclórica, es una adaptación de ellas llevadas al espectáculo. Su desarrollo (en la contemporaneidad) se dio en Egipto, al final de la etapa colonial y pos colonial, pues esa danza era el atractivo para los foráneos europeos de esos países. Por esta razón, sufrió muchas influencias y transformaciones, mismas que no han parado hasta estos días. Aunque hay muchas característi…

El proceso de (re) conocerse en un espejo

Hasta hace 11 años más o menos—para mi— la indumentaria para bailar eran los leotardos, pues es con lo que se hace danza contemporánea o ballet. Cuando decidí tomar clases de bellydance para a convivir con mi hija, fue un choque cambiarlos por tops o camisas cortas que dejaran al descubierto el abdomen. De hecho, los primeros 6 meses usé leotardos, pues no había forma de que YO me los quitara, así como los calentadores en mis tobillos. Era un lunar en esa clase. No sé cuándo ni cómo fue, pero un día ya no usé más mis leotardos y enterizos. Aprendí a ver mi cuerpo desde otra perspectiva y gracias a los movimientos de cadera y las ondulaciones recapacité que no tendría otro chiste que mostrar el abdomen, aun cuando por detalle, había estrías producto de la concepción y nacimiento del amor de mi vida.  Entonces, pensé: me pela, no hay como bailar con el vientre al descubierto, me encantaba verme en el espejo (más que un acto narcisista creo que fue un momento de auto aceptación) y más aún …