Ir al contenido principal

Daarrrrrrrrrrrbuka!


Por fin, tengo mi Darbuka...bueno nuestra darbuka (de mi hija también). Me la hizo el director del grupo Tombak, Mauricio Alvarenga, quien además de musicólogo elabora instrumentos. Mi hija está contenta y yo pues ni cuento.
Ya comenzamos a practicar: darbuka, crótalos....algo sencillo pero algo. Ya sabemos donde va el dum y el tac- ka....ya estamos tocando el baladí y el saídi. Eso si, a puro oído porque aún no comenzamos las clases. Lo importante es inventar, tocar y bailar. ¡vaya fiesta! siento que se me ha abierto una panorama o un hambre increíble por aprender. Lo más genial es que nos la hemos pasado divertido.
Como decía Espino...."un corazón musical"
F. una mamá enloquecidaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
***
Estoy estresada, en realidad... y tocar un tambor así es mejor que un rito a Changó. por mi hija ni se preocupen, ella me sigue la corriente.
:)

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
me encanta.

Me gustaría aprender a tocar la darbuka pero me da muuuucha verguenza.

Por favor comenta cómo te va la experiencia y quizás me anime.

Besos cálidos de luna
Ixquic* ha dicho que…
Kamra:

pues iré contando. ¿porque vergueza? al contrario...yo creo que eso ayuda la compaginación de los "dums" con las caderas al bailar


Saludos!

Entradas populares de este blog

¿Dejar de bailar?

¿Has pensado –por algún arranque, por saturación de actividades o falta de tiempo, por hastío o demotivación personal —dejar de bailar? ¡No lo hagas!, al cabo de un tiempo la extrañarás y te arrepentirás. Mi madre me llevó a un salón de danza a los 4 años y la asumí sin cuestionar, pero tomé la decisión de dejarla a los 13 o 14 años; aunque fue más un acto de convencimiento pleno y rebelde, lo lamenté muchísimo y me devolví. Desde ese acto consiente de amor por el movimiento no me han importado las circunstancias, es una actividad tan vital como respirar. He conocido a personas que se inscriben a las clases y manifiestan que la danza las llena o la ven como una gran pasión, publican todos los pensamientos virales sobre la danza en sus muros… y de pronto se retiran, especialmente, cuando no ven en ella una forma de dedicar su vida (vivir de y no vivir para). Esta es una decisión personal y respetable pues cada quien sabe lo mejor para sí. Pero también se, que cuando una ama la danza, nun…

Bellydance: entre lo puro y la creatividad

La Danza es considerada patrimonio “inmaterial” cultural de la humanidad, por la UNESCO, así las danzas originarias y folclóricas se van rescatando. En las danzas árabes (nótese el plural, pues en el mundo árabe actual hay al menos 22 países y nada es parejo) también existe una gran variedad de danzas folclóricas (muy distintas de las expresiones populares), que fueron estudiadas y adaptadas (nótese lo de adaptadas) para el “gran escenario” por Mahmoud Reda, con el apoyo del presidente panarabista Nasser. No obstante, como toda expresión humana es evolutiva. El bellydance, tal como lo ejecutamos hoy no es una danza folclórica, es una adaptación de ellas llevadas al espectáculo. Su desarrollo (en la contemporaneidad) se dio en Egipto, al final de la etapa colonial y pos colonial, pues esa danza era el atractivo para los foráneos europeos de esos países. Por esta razón, sufrió muchas influencias y transformaciones, mismas que no han parado hasta estos días. Aunque hay muchas característi…

El proceso de (re) conocerse en un espejo

Hasta hace 11 años más o menos—para mi— la indumentaria para bailar eran los leotardos, pues es con lo que se hace danza contemporánea o ballet. Cuando decidí tomar clases de bellydance para a convivir con mi hija, fue un choque cambiarlos por tops o camisas cortas que dejaran al descubierto el abdomen. De hecho, los primeros 6 meses usé leotardos, pues no había forma de que YO me los quitara, así como los calentadores en mis tobillos. Era un lunar en esa clase. No sé cuándo ni cómo fue, pero un día ya no usé más mis leotardos y enterizos. Aprendí a ver mi cuerpo desde otra perspectiva y gracias a los movimientos de cadera y las ondulaciones recapacité que no tendría otro chiste que mostrar el abdomen, aun cuando por detalle, había estrías producto de la concepción y nacimiento del amor de mi vida.  Entonces, pensé: me pela, no hay como bailar con el vientre al descubierto, me encantaba verme en el espejo (más que un acto narcisista creo que fue un momento de auto aceptación) y más aún …