sábado, 23 de febrero de 2008

Una lecciòn para ixquic


Hoy me encontré con un buen editorial del Dr. José María Sinfontes. Lo leí y sentí un respiro y mucha fuerza. Me cuesta, manejar el estira y encoge con Ixbá. A mi nunca me costó decir no, cuando realmente algo no me convence. Pero con ella me cuesta decirle no a lo que pide y necesita, pues pienso que si soy madre a medio tiempo algo le debo compensar. Y no debe ser así, me lo repito una y otra vez. Sin duda, debo ser fuerte y decir NO.

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El poder del no

No, nein, ?xi, nej. En cualquier idioma la palabra No es extensamente empleada. Durante el transcurso de la vida las personas la pronunciarán más que ninguna otra. Es también una de las primeras palabras que se aprenden cuando se desea conocer otra lengua. A pesar de su amplio uso muy pocos logran llegar a tener un dominio sobre el No, y esto tiene implicaciones importantes.
En su desarrollo psicológico uno de los progresos cruciales del niño es la adquisición del No. A partir de la comprensión de su significado la mente adquiere nuevas dimensiones y el ser humano comienza a diferenciarse de los animales. Sucede en el primer año de vida. Los niños empiezan a ensayar el lenguaje con palabras como "agua" o "mamá", pero estos son elementos concretos, se pueden ver, se refieren a algo material. El No es distinto, no es una cosa tangible, es un concepto, una esencia. Cuando el niño aprende a decir No ha comenzado a manejar símbolos, ha comenzado a abstraer.
Si el No es importante para el desarrollo mental desde un principio también tiene gran relevancia para la vida adulta. Decir No es mecánicamente fácil pero puede ser psicológica y emocionalmente difícil. Es algo que se debe aprender y controlar. Y no muchos aprenden a hacerlo de manera eficaz.
Los expertos indican que una de las formas más útiles para disminuir el estrés es saber decir No. ¿Cuántas veces hemos hecho cosas que no queremos por no poder decir No? Una reunión a la que no deseamos asistir, una oferta que no queremos aceptar.
El decir No implica carácter. Un juez que dice No a un intento de soborno, un joven que dice No a la presión del grupo, una muchacha que dice No a un seductor.
El no poder decir No llena el tiempo de actividades por compromiso --real o imaginario-- y eso hace que la tensión se acumule. Esta falta de control puede ocasionar situaciones incómodas y generar líos. He conocido personas que se han casado sin amor o que trabajan en profesiones para las que no tienen vocación, sólo por no poder decir No.
Embarazos, adicciones, enfermedades, malos negocios, relaciones insatisfactorias, todo puede ser el simple resultado de un No no dicho. A veces se dice un No a medias, un No que se interpreta como un tal vez. Cuando se dice No se debe decir con claridad, con firmeza, mirando a los ojos. Un medio No sólo hace que los que quieren un Si redoblen sus esfuerzos.
Pero decir No puede generar culpa y no es sencillo. Se requiere práctica, entrenamiento. Si deseamos que nuestros hijos sepan decir No en los momentos cruciales hay que enseñarles. Y la mejor formas de enseñarles es con el ejemplo, diciéndoles No a ellos. Es fácil complacer a los hijos, darles lo que pidan, pero es un error. Hay que decirles No, a veces por convencimiento y a veces, para practicar.
El uso del No requiere también sabiduría y templanza. No es sólo decirlo sino decirlo bien, en las circunstancias correctas, pues decir No sólo por decirlo no es sabiduría, es terquedad. Tenemos ejemplos de personas que dicen No a todo, que lo dicen incluso sin estar convencidos de que es lo correcto o, peor aún, sabiendo que no lo es. Y eso sólo refleja empecinamiento, cinismo y falta de valor.
Atienda estas recomendaciones y la vida será menos complicada. En esta ocasión le sugiero no decir No.
*Médico psiquiatra y columnista de El Diario de Hoy. jsifontes@yahoo.com
publicado hoy en EDH

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