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Callada...

A veces, quisiera callarme. Hablo mucho, contesto más allá de lo que se pregunta, explico lo que nadie me pide. Regaño más de la cuenta. Me gusta nombrar las cosas que me importan, decir el nombre de mi hija, repetir las frases de Cortázar que me pellizcan el corazón.

No podría tapar mi boca de esa manera, excepto para sacar una foto en este pinche blog. Pero hay algo que me mata, callarme con el cuerpo. Bailar, es expresión. Una habla con los movimientos. No hay cosa más intensa que trabajar con los centros: el emocional, el físico y el de fuerza. Desde allí pueden sacarse las más profundas sensaciones y proyectarlas al público. Algo único.

Llevo un poco más de una semana alejada de la danza. Cómo cuesta llevar una vida más o menos normal, aunque una se lo proponga, ¡el día sólo tiene 24 horas!

finalmente, muda soy.

Comentarios

Aldebarán ha dicho que…
Pues no creo que el silencio dure mucho tiempo.

Maestro, ¡música, por favor!

:-)

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