Ir al contenido principal

La danza del despiste


Ayer disfrute mucho mi clase de baile árabe que hubiese querido pasarme las horas bailando, inventando formas, movimientos y siguiendo ritmos con las caderas. Mi compañera de clase e hija, está más disciplinada y eso me descarga, así no tengo que estar histérica regañando con díscimulo. (¡niña! grrrrrrrr, ¡burra! grrrrrrrrrrr ¡bella! mua mua)
Para terminar estas largas semanas, decidí ir a ver otra vez al titiritero, vi El Camino. La temporada anterior no pude entrar y hoy por fin si lo hice, y dos veces!!
Cuando llegué a comprar el boleto, llegué con pena esperando que no se acordaran que yo soy la mujer que el otro día llegó con una niña y sin la cartera (y el dinero) para comprar. Pero sí, me saludaron como tal, y algo peor. Me preguntaron si no me faltaba "algo".
suspiré...
-no ¿porquè?
- es que encontramos un libro o agenda. Allí hay fotos de la niña que la acompañaba el otro día y...
- ahh si? si! .....mmmm si claro, es mi agenda.
En realidad, es mi diario agenda, mismo que he descuidado desde que escribo en los blogs, pero que tiene las 10,000 intimidades de Ixquic incluído el nombre de un hombre que me gusta y al que -supongo- no le gusto y sobre el que escribí un par de tonteras (olvidadas de inmediato, lo juro).
Esa gente estaba muerta del chiste, al darse cuenta que yo no había notado la asuencia de ese "diario" y yo me sentía desnuda del alma, alguien había leído mis boberías, por mensa.
que más da, un poquito más de sal.
quisiera celebrarlo bailando.

Comentarios

Entradas populares de este blog

¿Dejar de bailar?

¿Has pensado –por algún arranque, por saturación de actividades o falta de tiempo, por hastío o demotivación personal —dejar de bailar? ¡No lo hagas!, al cabo de un tiempo la extrañarás y te arrepentirás. Mi madre me llevó a un salón de danza a los 4 años y la asumí sin cuestionar, pero tomé la decisión de dejarla a los 13 o 14 años; aunque fue más un acto de convencimiento pleno y rebelde, lo lamenté muchísimo y me devolví. Desde ese acto consiente de amor por el movimiento no me han importado las circunstancias, es una actividad tan vital como respirar. He conocido a personas que se inscriben a las clases y manifiestan que la danza las llena o la ven como una gran pasión, publican todos los pensamientos virales sobre la danza en sus muros… y de pronto se retiran, especialmente, cuando no ven en ella una forma de dedicar su vida (vivir de y no vivir para). Esta es una decisión personal y respetable pues cada quien sabe lo mejor para sí. Pero también se, que cuando una ama la danza, nun…

Bellydance: entre lo puro y la creatividad

La Danza es considerada patrimonio “inmaterial” cultural de la humanidad, por la UNESCO, así las danzas originarias y folclóricas se van rescatando. En las danzas árabes (nótese el plural, pues en el mundo árabe actual hay al menos 22 países y nada es parejo) también existe una gran variedad de danzas folclóricas (muy distintas de las expresiones populares), que fueron estudiadas y adaptadas (nótese lo de adaptadas) para el “gran escenario” por Mahmoud Reda, con el apoyo del presidente panarabista Nasser. No obstante, como toda expresión humana es evolutiva. El bellydance, tal como lo ejecutamos hoy no es una danza folclórica, es una adaptación de ellas llevadas al espectáculo. Su desarrollo (en la contemporaneidad) se dio en Egipto, al final de la etapa colonial y pos colonial, pues esa danza era el atractivo para los foráneos europeos de esos países. Por esta razón, sufrió muchas influencias y transformaciones, mismas que no han parado hasta estos días. Aunque hay muchas característi…

El proceso de (re) conocerse en un espejo

Hasta hace 11 años más o menos—para mi— la indumentaria para bailar eran los leotardos, pues es con lo que se hace danza contemporánea o ballet. Cuando decidí tomar clases de bellydance para a convivir con mi hija, fue un choque cambiarlos por tops o camisas cortas que dejaran al descubierto el abdomen. De hecho, los primeros 6 meses usé leotardos, pues no había forma de que YO me los quitara, así como los calentadores en mis tobillos. Era un lunar en esa clase. No sé cuándo ni cómo fue, pero un día ya no usé más mis leotardos y enterizos. Aprendí a ver mi cuerpo desde otra perspectiva y gracias a los movimientos de cadera y las ondulaciones recapacité que no tendría otro chiste que mostrar el abdomen, aun cuando por detalle, había estrías producto de la concepción y nacimiento del amor de mi vida.  Entonces, pensé: me pela, no hay como bailar con el vientre al descubierto, me encantaba verme en el espejo (más que un acto narcisista creo que fue un momento de auto aceptación) y más aún …