lunes, 26 de febrero de 2007

Bailar, por bailar

Asisto a las clases de danza árabe con mi hija. Ella va porque le gusta, y yo por meque y después, también porque me ha gustado. Si de verdad una puede bailar sólo por placer estas clases son perfectas, pareciera que la música sale de la pelvis o de las caderas y se dirige al torso.

Esta semana hemos comenzado a utilizar el velo, cosa más curiosa. Casi es como jugar con él y aunque parezca mentira ¡que duelen los brazos!

La maestra es una mujer que no engaña, se ve plena bailando, le encanta hacerlo y también enseñar. Su esposo, disfruta viéndola. Bien por ella. Pero hoy resulta que quiere que el viernes ¡yo baile en una presentación!. Mi hija ya ha bailado y a mi me encanta ir a verlas (aunque llegue tarde). Pero, no gracias eeeeeeso no es para mí.

El sábado la maestra le dejó de deber a Ixbá que ella hiciera su propia coreografía y ella casi la ha terminado, sólo le ayudé haciendo observaciones sobre la ocupación del espacio, pues no se movía del centro. Me siento orgullosa que ella tenga tanto que ofrecer.

Ahora todo el chantaje es para que yo lo haga con ella (en la presentación). Creo que esa niña pide más de lo que una hija debería de pedir. Hoy resulta que me está cobrando haberla metido el año pasado a bailar en el grupo de danza contemporánea.

Dando y dando ¿te lo cambio por otra cosa?


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