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Rumbo a 11

El cuarto grado me ha resultado pesado. La falta de tiempo --o el tiempo invertido en otras cosas-- me pasa la factura. A veces pienso que siendo una mamá soltera no debería tener más actividad que el trabajo y la maternidad. Lo pienso en realidad ahora, pues antes, ella era muy independiente con excelentes resultados. Le enseñé a no depender de una mamá que trabaja (como yo!!!!) o dejar para la noche la resolución de cosas más complejas: maquetas, peraciones, investigaciones .
Pero este año, el estudio pasó a un segundo plano....hasta el rechazo. Y aunque le dedico a mi hija los fines de semana en los que revisamos estudios, tareas etc. he impuesto castigos y casi me he tirado del techo de la casa (producto de varias histerias). Y los resultados de mal en peor.
A estas alturas ya tengo encendida la señal de alerta y he tenido que emprender cambios en mí, en mi forma de tratarla, vigilarla y convivir. Se que el exceso de todo será malo, no puedo creer en el 100% de cosas que me dice y que ahora es cuando la frase "hechos y no palabras" cobra significado en ambas.
Una de las cosas que debo hacer es dejar la danza de lado --un tantito--, porque si se trata de priorizar la chipiturria (mi hija) está primero. Aquí no hay tales que abuelas o tías ayuden. ni modo.
Por otra parte, he notado su crecimiento. Compañeros de trabajo me molestan porque dicen que parecemos hermanas...bueno, ella lo quisiera a veces así. Aunque sigue siendo tan niña como siempre, chistosa y agradable. No es porque saliera de mi vientre pero me cae súper bien... es una niña con la que la conversación puede lograrse, muy maternal y protectora..no la cambio a ella, sólo le ayudaré a pasar este "adolescer..." la vida hasta que sea una joven con carácter.
ja!

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Súper poderes

No es que la maternidad me haya regresado a la niñez o a los comportamientos infantiles, pero con los niños hay que estar en sintonía. Cuando mi niña tenía unos tres años, la dejaba en la casa, con una señora que la cuidaba y era además su madrina de bautizo. Yo le solía llamar para saber cómo se portaba y para variar, una niña hiper activa como la madre, siempre traviesa y puras quejas. La llegué a conocer tanto que podía --a ciencia cierta-- adivinar que hacía, las caras que ponía y las actitudes que tomaba. Un día me di cuenta que esa intuición era inequívoca y la bauticé como mis " súper poderes". Cuando la llamaba, le decía cosas: -Hola bebé, ¿como estas? - biemmmm ! - ¡ sacate eso de la boca! - ¿y como supiste mamí ? - ahhh mis super poderes bebé. o - Mire hija, se baña ya! o cuando llegue la castigo! -y cómo lo sabés ? - ahhh mis super poderes bebé. Llegue a afinar tanto esto que ella se lo creyó por un par de años. Hasta una vez, que le agarró de ponerme tramp...

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